Inducción de parto natural

Antes de introducirme en cada una de ellas, quiero que interiorices que, aunque estos procedimientos estén exentos de riesgos, no significa que debamos llevarlos a cabo de manera rutinaria en todos los casos, pues lo primario es la confianza en tu propio cuerpo, en el desarrollo propio del bebé y en su capacidad de decisión sobre cuándo está maduro/a para llegar a conocerte fuera. Por ello, debe existir justificación de la misma forma para realizar cualquiera de ellos.

¿Cuándo está justificado entonces iniciar un proceso de inducción natural?

A rasgos generales, cuando por algún motivo tengas programada (bajo justificación y tu propio consentimiento) una inducción de parto médica. O por cualquier otro motivo que justifique su acción, porque analizando la situación y, sobre todo, si partimos de un proceso absolutamente sano, ¿por qué no confiar en la criatura que gestas? La mayoría de presión para que el bebé salga nace del propio estrés desarrollado con una fecha improbable de nacimiento que se proporcionó en la primera visita de la matrona, de los profesionales sanitarios, de tu propio entorno familiar y amistades. Por eso, cuando te invada la prisa, debes desarrollar más paciencia, confianza, trabajo mental, meditaciones, más paz, para que el cuerpo actúe y funcione cuando esté listo para la llegada.

Mi manera de explicar la inducción natural se basa en analizar cada uno de los procedimientos, de aquellos que tienen validez porque hay resultados de estudios científicos y otros que pueden tener más o menos sentido, pero de los que no hay evidencia científica para recomendarlos abiertamente.

Habrá muchas cosas que te explicarán y leerás sobre todo aquello que puedes hacer para motivar el nacimiento. Muchas de ellas pueden ser causalidades y, otras, experiencias individuales. En general, debes pensar en todas aquellas cosas que puedes realizar que provoque una liberación de oxitocina relacionada con la relajación e inhibición, por tanto, de la adrenalina. Caminar, reír, charlar, relajarse con un baño, descansar, escuchar música, etc. No hay evidencia científica que avale que todo ello funcione, pero pregúntate a ti misma: ¿te va a hacer daño a ti o tu bebé que hagas todo eso? No hace falta evidencia para disfrutar con las pequeñas cosas porque son las que realmente valorarás en ese momento y en tu futuro.

Hay tradiciones culturales como tomar infusiones de hoja de frambuesa a partir de la semana 37 de gestación, comer dátiles, comida picante, piña, aceite de onagra y ricino. La mayoría de estas actividades no tienen evidencia científica sólida que confirmen sus beneficios con respecto al inicio de parto en sí. De algunas, como la infusión de frambuesa se piensa que puede ayudar a facilitar que el cuello del útero se encuentre suave, blando, relajado y que las contracciones sean más efectivas. Aún así las muestras de estos estudios no han sido significativas para afirmar estos resultados.

Se habla mucho del sexo y de las prostaglandinas que existen en el esperma masculino. Tengo que decir que sí que existe, pero en una cantidad tan pequeñita que dudo mucho que sea el precursor del parto en sí. ¿Qué tal si pensamos en el orgasmo? Este te proporcionará una liberación mucho mayor de oxitocina que podrá ayudar mucho más a que, en conjunto con otros factores, el proceso de nacimiento se acerca, siempre y cuando el bebé esté decidido a nacer. Creo que no nos hace falta evidencia científica para aconsejarte que disfrutes de tu propia sexualidad contigo misma o con otra persona y que eso te ayudará a estar más relajada.

  • Reflexología: se trata de la aplicación de presión en distintos puntos o áreas de ambos pies con el objetivo de inducir y acortar el periodo de parto en sí, además de poder hacerlo durante este.
    Varios estudios han concluido sus efectos en la reducción de ansiedad durante todo el proceso de parto, la disminución de la percepción del dolor, la reducción en el tiempo de la fase de expulsivo y alumbramiento y la mejora en la satisfacción del proceso de nacimiento.

  • Aceites esenciales: existen algunos aceites esenciales, como la salvia y el clavo, de los cuales hay diversos estudios que corroboran su efecto inductor de parto. Los aceites se pueden usar diluidos en agua (5 gotas en 50 mililitros de agua) en un difusor ultrasónico, mezclados con un aceite vegetal para masaje, en inhalación directa tras su aplicación en las muñecas o a través de gotas durante un baño terapéutico.

  • Acupuntura: inserción de agujas tras la evaluación individual de las necesidades de cada mujer por una persona experta en Medicina Tradicional China. Hay numerosos estudios que han comprobado su eficacia en la maduración y cambios en el cuello del útero, así como en el efecto para iniciar los movimientos naturales del proceso.

  • Digitopuntura: estimular a través de presión con el propio dedo u otra herramienta que estimula los mismos puntos de la acupuntura. Hay dos puntos, que son el LI4 y el SP6 (IG4 y B6 en español), que son fáciles de estimular. Para ello, puedes presionar entre 2-4 minutos cada uno de ellos, y en ambos miembros, para motivar los movimientos tanto durante la fase de pródromos o dilatación como para provocar el inicio del mismo. Si quieres realizar una estimulación intensiva, debes realizar este procedimiento cada dos horas. Si tienes más tiempo, pero quieres motivar que suceda, puedes realizarlo 3-4 veces al día.

  • Estimulación de pezones: Demirel & Guler, en 2015, publicaron un estudio donde evaluaban el efecto de estimular los pezones como método inductivo de parto desde el propio inicio de su proceso. El procedimiento consiste en estimular con pequeñas rotaciones el pezón cada treinta minutos, rodeándolo con el dedo pulgar e índice y traccionándolo hacia fuera suavemente durante dos minutos. Esta acción ha de realizarse en ambos pezones. Entre sus resultados, encontraron una reducción en el tiempo de cada una de las etapas del proceso comparado con el grupo que no se estimulaba los pezones, disminuyendo también la necesidad y el uso de oxitocina sintética.

Texto extraído del libro Nacer en Grande® hipnoparto por Emilio Bastida

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